La paternidad que nos parió
- Pedro Garbi
- 4 jul 2017
- 3 Min. de lectura
Los modelos de paternidad que nos parieron, que nos criaron, que nos formaron y que, sin querer quizás, asumimos como válidos empiezan a tambalear desde que tenes en brazos a tu bebé por primera vez. Ese conflicto interno yo lo resumo en “yo sé lo que es lo mejor para mi hijo” (lo que aprendimos) vs “¿estaré haciendo lo mejor para mi hijo?”(lo nuevo por aprender)

La primera postura te limita, no te permite ir pensando en función de lo que tu hijo va necesitando, sintiendo, o sea en función de cómo se va desarrollando sino que ya lo sabes, como si hubiera un manual para los bebés y vos ya lo leíste. Es una postura soberbia, más desprendida, más desapegada y que te pone en un rol de autoridad, donde tu función es el límite, el castigo, tenes que educar no contener, tenes que imponer no ayudar.
Es una postura que si o si te lleva a la violencia, porque te lleva a la frustración. Como esperas que tu hijo actúe de cierta manera porque es lo que vos crees que debe pasar (no lo que realmente debe pasar sino solo lo que vos, porque sos el adulto, porque sos el padre, o sea porque sos la autoridad dice que tiene que pasar) y no lo hace te frustras, entonces queres que lo haga a la fuerza.
Pero los niños son todos distintos, y si bien hay cosas que son esperables que hagan a determinadas edades, son una fuente inagotable de sorpresas.
Esto no quiere decir que no allá amor, sino que están invertidas las prioridades. La prioridad no es el niño y sus necesidades sino las necesidades del adulto.
La segunda postura te libera, aunque no parezca, porque te permite ir cambiando, aprendiendo, es más natural y más sana. Esa pregunta es para mí la base de una paternidad consciente.
Pero…
¿Qué es la paternidad consciente?
Yo lo resumo así:
Es poner a los peques primero, adaptar tu vida a ellos y no buscar que ellos se adapten a la tuya, es darles lo que necesitan siempre, es empatía, apego y sobre todo: respeto.
Si “somos lo que hacemos con lo que hicieron de nosotros” o como dicen los zapatistas “somos lo que hacemos para cambiar lo que somos”, una paternidad consciente es una paternidad crítica y autocrítica.
Simple, ¿no?
Bueno, simple es decirlo porque hacerlo a veces es más complejo.
Los pibes ponen todo en tensión permanente. La pareja, el sueño, la limpieza y el orden, la paciencia, todo. Y a veces tendemos a reaccionar como aprendimos de nuestros viejos y eso no siempre es la mejor forma, pero creo que tampoco hay que dejar que nos mate la culpa, mientras nos guie la pregunta inicial vamos a poder resolver bien.
“oye, oye, más despacio cerebrito. Concretamente ¿Qué tengo que hacer?”
Y ahí viene el debate, porque a pesar de los intentos los niños siguen sin aceptar acatar ningún manual. ¿Hago colecho? ¿Hago BLW? ¿Porteo? ¿pikler, Montessori, o waldorf? ¿O todo junto? Si, si a todo, o si a todo lo que tengas ganas y te guste. Pero no creas que son la salvación y sobre todo no lo hagas pensando en el futuro (“si higi isti vi i tinir buinis nitis in li iscuili”) hacelo porque hoy tu hijo va a ser más feliz.
No hay recetas mágicas, no hay verdades reveladas, solo hay paternidades por parir.


















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