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Disciplina Positiva

  • Foto del escritor: Pedro Garbi
    Pedro Garbi
  • 16 ene 2018
  • 8 Min. de lectura

Imaginá que te pasa. A todos nos pasa. Es inevitable. Totalmente impredecible. Te shockea. Tu hije esta haciendo un berrinche en público.

Sentis la presión. Las miradas juzgadoras (siempre son juzgadoras), las convenciones sociales que nos enseñaron que une niñe no puede gritar, ni llorar, ni tirarse al piso ni querer revolear cosas porque les niñes deben ser obedientes, silencioses, sumises.

La presión aumenta.

Estas desactivando una bomba.

Cable rojo o cable azul.

El tiempo se agota.

Un sudor frió cae por tu frente.

Equivocarte puede empeorar todo.

Todos los padres pasamos por estas situaciones alguna vez en la vida (quizás menos dramáticas). Algunas veces en público y otras en privado. Pero indefectiblemente todos hemos tenido que lidiar con algún berrinche y seguramente nos hemos encontrado con que nos faltan herramientas para abordar la situación.

En mi caso con un niño de casi 4 y otro de año y pico, a los berrinches se le suman las peleas entre hermanos, el doble de desorden (porque nunca se ponen de acuerdo en qué desordenar, cada uno desordena lados distintos de la casa) y tener que afront

ar al mismo tiempo los diferentes problemas que plantea el desarrollo de uno y otro. Se me queman los libros seguido.

Entonces me puse en campaña de aprender mejores formas de tratar estas situaciones, formas más respetuosas. Por eso le pedí a Carolina Pettinaroli (Educadoras de Familias en Disciplina Positiva y mamá de Santi de 1 año y 10 meses) si podía sacarme algunas dudas y sus respuestas fueron tan buenas y profundas que no podía dejar de compartirlas porque creo que pueden ayudar a muchos padres. Gracias Caro!!

1- ¿Qué es la Disciplina Positiva?

una familia perfecta que saque de Internet. el único lugar donde existen las familias perfectas.

La Disciplina Positiva es un enfoque de crianza basada en el respeto mutuo, la cooperación y la conexión con el otro con amabilidad y con firmeza a la vez. Brinda distintas herramientas para abordar los desafíos diarios con una visión a largo plazo, a diferencia de los castigos o los premios, que sólo emparchan el problema que en la mayoría de los casos al tiempo vuelve a surgir.

Sienta sus bases en la Psicología Individual de Alfred Adler y su discípulo Rudolf Dreikurs. Es de sus teorías y estudios que Jane Nelsen y Lynn Lott comienzan en la década de los 80 a escribir y construir este modelo de parentalidad.

2- La disciplina esta asociada a obedecer, a acatar ordenes ¿a les niñes hay que enseñarles a obedecer o a razonar?

Estamos acostumbrados a asociar la palabra disciplina con algo riguroso, con el castigo si no se hace lo que se manda. La disciplina real tiene que ver con enseñar. La palabra disciplina proviene del latín y significa “enseñar o aprender”.

Un ejercicio interesante es visualizar qué habilidades y características de vida querríamos para nuestros hijos ya adultos. Es poco probable que se nos ocurra como opción el que sean sumisos y obedientes. A los niños debemos guiarlos a lo largo de su crecimiento, enseñarles con el ejemplo y con la reflexión en conjunto a ser resilientes, a poder expresar sus sentimientos y a aprender a manejarlos, a cooperar y a reconocer que cada decisión y acción subsecuente que tomen tendrá consecuencias de las cuales deben hacerse responsables.

3- ¿cómo se logra una crianza no punitiva ni permisiva?

Con mucho esfuerzo, trabajo y práctica. Sí, la realidad es que no es fácil. Cargamos con el bagaje de enfoques de parentalidad que se volvieron naturales y aceptados a lo largo de los años y que se manejan con la humillación, la crítica, los sermones, o por el contrario con los premios, la manipulación y la permisividad. Frente a situaciones en las que nos encontramos sin herramientas alternativas solemos caer en estos enfoques.

Ayuda muchísimo el tener herramientas alternativas adecuadas para cada etapa del desarrollo evolutivo correspondiente. En los talleres de Disciplina Positiva buscamos facilitar espacios de reflexión que permitan que cada participante se nutra de las actividades y las experiencias de los demás y que así se lleve estas herramientas para implementar en su hogar.

El primer paso es dejar de concebir los errores como algo que debiera dar vergüenza o culpa (los de ellos y los nuestros). Al empezar a ver los errores como excelentes oportunidades para aprender y crecer podemos tomar cada situación complicada, cada desafío diario como una chance para ayudar a nuestros hijos a ser adultos sanos y felices el día de mañana.

4- ¿cual es la importancia de la rutina en el comportamiento de les niñes?

Por un lado, los niños aprenden mejor de la repetición, por el otro, las rutinas les brindan la posibilidad de adelantarse a lo que viene, lo cual les da confianza, tranquilidad y seguridad.Hay actividades que propone la Disciplina Positiva muy lindas que invitan a los padres a hacer junto a sus hijos tablas de rutinas diversas (puede ser la rutina de la mañana, de la noche, diarias, mensuales, etc). Cuando ya tienen la edad adecuada, involucrar a nuestros hijos en la confección de las rutinas aumenta su sentido de pertenencia y significancia. Al ellos proponer las actividades son más propensos a cumplirlas, y refiriéndonos a ¿Qué sigue después de…?, o ¿Fijate qué es lo que olvidaste hacer?, dejamos que la rutina sea la que mande y no nosotros, evitando en gran medida la lucha de poderes.

5- Los terribles 2 años ¿mito o realidad?

Los “terribles” 2 años son una realidad. Nos guste o no, todos los niños pequeños tienen berrinches de vez en cuando. Digo “terribles” porque es esa la manera en la que nos los tomamos, en sí no son realmente terribles, sólo son.

Intentar comprender por qué suceden y cómo abordarlos puede ayudarnos a mantener la calma y la compostura incluso en las situaciones más complicadas.

6- ¿qué hacer con los berrinches? ¿son inevitables?

Todos tenemos sentimientos. Las emociones son información y su propósito es ayudarnos a cada uno de nosotros a tomar decisiones sobre lo que necesitamos hacer para mantenernos sanos y seguros.

Los berrinches son normales. Debemos pensar que los niños pequeños sienten al igual que nosotros los adultos. Se sienten tristes, frustrados, excitados, ensutiasmados. Sin embargo no tienen la capacidad aún de poner esas emociones en palabras, y carecen de las habilidades para lidiar con ellas y controlar los impulsos. De allí que tengan esos episodios que denominamos berrinches.

La idea NO es evitar los berrinches (en general los intentos de evitarlos no son hacen más que tirar más leña al fuego), sino ayudar a los niños a aprender con el tiempo a verbalizar lo que les pasa y a encontrar maneras de autorregularse y de manejar eso que les pasa.

Antes que nada debemos dejar a un lado los sermones y las reprimendas por tres motivos:

  1. Al igual que los adultos, los niños no pueden pensar racionalmente cuando están inundados de emociones.

  2. Las palabras con frecuencia empeoran la situación.

  3. El silencio previene nuestro propio colapso.

Debemos intentar estar calmos primero nosotros, y enfocarnos en ayudar al niño a calmarse. Cada niño es distinto y por ende el abordaje de los berrinches dependerá de qué sea lo que lo tranquilice. A veces es un abrazo, a veces invitarlo a escuchar música, a leer, otras es preguntarle sobre qué hizo ese día o hablar con alguien presente sobre el niño, o incluso acompañarlo sin contacto físico. En niños más pequeños también resulta efectiva la redirección hacia algo que sí pueden hacer o la distracción. En niños mayores de 3 años y medio, 4, también existe una herramienta que propone la Disciplina Positiva que es el “Tiempo fuera positivo”, que se aborda en más profundidad en los talleres.

Es importante validar los sentimientos de los niños y poner en palabras lo que vemos que les está pasando, para guiarlos y acompañarlos en este proceso de autoconocimiento y autocontrol.

7- ¿cómo lograr que realicen tareas del hogar sin amenazarlos o prometerles premios?

Desde muy pequeños los chicos tienen muchos deseos de participar, de sentirse parte y que pueden aportar significativamente a su entorno. Lo ideal es aprovechar eso y así involucrarlos en el preparado de las comidas, en el armado de la mesa, o en cualquier otra tarea, siempre y cuando esté dentro de las actividades adecuadas para cada etapa del niño. Pero por ejemplo, ya a niños de edad cercana a los 2 años se les puede ir enseñando a dónde se deja la ropa sucia, se le puede pedir a los 2 años que bata huevos, que lleve su platito a la mesa, etc.

Debemos intentar comprender que seguramente no realicen las tareas de la manera que un adulto las realizaría para no ser exigentes en este aspecto, y tampoco terminar haciendo las cosas nosotros para que se hagan como queremos.

Pensemos por un instante si nos gusta a nosotros adultos que nos ordenen lo que hay que hacer. Supongo que la respuesta de la mayoría será que no. Bueno, a los niños tampoco les agrada ser mandados. Las preguntas en la mayoría de los casos suelen ser más efectivas que las órdenes; por ejemplo “Qué tenemos que hacer cuando se ensucia el piso?” “¿Te acordás de qué arreglamos que íbamos a hacer con los platos después de comer?", entre muchas otras.

Armar rutinas de tareas domésticas junto con los niños, como lo comentaba en una de las preguntas anteriores, también ayuda a que se fomente la cooperación. Si las tareas no son realizadas se puede intentar buscar soluciones en conjunto sobre maneras para que cada miembro de la familia realice las tareas correspondientes. Las ideas que sean respetuosas para todos se pueden probar por un tiempo determinado y ver si funcionan. Con adolescentes el abordaje es distinto y tiene más que ver con llegar a acuerdos respetuosos para todos, y hacer un seguimiento y marcar cuando los acuerdos no se están cumpliendo.

Y muy importante en todos los casos, no debemos olvidar agradecer una vez finalizada la tarea.

8- A la mayoría nos criaron a fuerza de retos, penitencias y golpes ¿como hacer para no repetir ese patrón?

Primeramente debemos aceptar que vamos a equivocarnos, que en este camino estamos aprendiendo y que así como no existe el hijo o hija ideales, tampoco existen los padres ideales y perfectos. Ver esas equivocaciones, tanto las nuestras como las de nuestros hijos, como momentos para aprender y mejorar nos cambia la manera en la que abordamos cada situación concreta. Pedir perdón cuando nos equivocamos como padres, aceptar nuestros errores frente a nuestros hijos y buscar juntos maneras de solucionar los problemas que van surgiendo.

Siempre buscar la conexión antes de la corrección, dialogar con nuestros hijos, expresar lo que sentimos y validar también sus sentimientos.

Cuando nos sentimos desbordados y a punto de perder la razón, intentar buscar formas de tranquilizarnos y volver a nuestro cerebro racional, y recién ahí, cuando tanto nosotros como nuestros hijos hemos logrado calmarnos, retomar la situación no buscando culpables o centrándonos en el pasado, sino enfocándonos en soluciones para el futuro.

La permisividad y los castigos no son respetuosos para ninguna de las partes, emparchan los problemas a corto plazo pero por tiempos breves dado que finalmente vuelven a aparecer o hacen surgir otros problemas. Por otro lado son “motivaciones” externas.

Un trato amable pero firme, con igualdad en cuanto a la dignidad y al respeto que todos nos merecemos, buscando reflexionar sobre la responsabilidad y cómo hacernos cargo de nuestros actos tiene efectos realmente beneficiosos en el largo plazo, e invitan a que la motivación provenga desde cada uno, de manera interna.

En los talleres las distintas actividades buscan reflexionar entre todos sobre esta temática, entre muchas otras.

Les dejo como reflexión una pregunta que propone la Disciplina Positiva y que creo fundamental para hacernos: “¿De dónde sacamos la loca idea de que para que un chico se porte mejor debo hacerlo sentirse peor?”

9- ¿cuales son las técnicas básicas para una crianza respetuosa?

Ante todo tener respeto por el niño, por uno mismo y por la situación. Actuar en vez de hablar (dado que las acciones son más fuertes que las palabras a la hora de dar sermones, retar, etc), decidir lo que uno va a hacer y ser consecuente, siempre con amabilidad y con firmeza; conectar con el otro a través del diálogo, invitar a la cooperación, e incluir a cada miembro de la familia en el día.

Por sobre todo, reírse, jugar mucho, y lograr que el mensaje del amor llegue, que quede claro y que no se pierda entre tantas palabras. Y Abrazos, muuuchos mimos y abrazos.

 
 
 

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Papá del Loco L y del Loco E// Músico, trosko criticón y cariñoso// Militando por una paternidad consciente

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