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La hora del baño/El regalo

  • Foto del escritor: Pedro Garbi
    Pedro Garbi
  • 25 mar 2019
  • 2 Min. de lectura

La hora del baño

La hora del baño nunca es un problema, el problema es los minutos anteriores a la hora del baño. Esos que comienzan cuando decís “¡¡A BAÑARSE!!” y de repente todo se transforma en una persecución, una mezcla entre la escondida y la mancha, en la que aún semidesnudos estiran hasta el límite tu paciencia y el momento de meterse en la ducha.

Hay días en que uno tira la toalla antes de que suene la campana, esperando, ingenuamente, que por la mañana la tarea sea un poco más simple.

En otros uno busca la negociación, convencerlos con algún acuerdo, con algún beneficio y de última con alguna coima. La otra noche fue una de esas oportunidades.

León con sus cuatro años es el más ágil y por lo tanto el que más difícil hace el juego del “atrápame si puedes”, pero también es el más abierto a la negociación. Como no se quería bañar porque estaba viendo televisión, le propuse que terminara de ver su programa mientras yo me bañaba, pero que después se metía sin rezongar, él, por supuesto, acepto de inmediato. ¿Por qué no aceptaría- pensé yo- si es un acuerdo beneficioso para ambas partes?

Razonaba sobre esto mientras me metía a la ducha, cuando León entreabre la puerta y dice: “cuando salgas te voy a decir de nuevo que no me voy a bañar” y se va riéndose.

No pude hacer otra cosa que reírme y darme una ducha, sabiéndome derrotado.




El regalo

Cuando a Ele le regalaron una tablet, sin que nosotros no pidieramos ni quisieramos, me surgieron varias dudas, ¿cómo limitar su uso? ¿traerá muchas peleas? pero la principal era ¿cómo logro entusiasmarlo con otra cosa ahora? la cosa es que a los días me encuentro en la calle una pelota de tenis nueva y por supuesto la guarde para llevarsela a mis hijos. Para mi sorpresa cuando se las dí se re entusiasmaron, Ele me dijo que era ideal para jugar al baseball y me pidió que le enseñe, así que nos pasamos toda una mañana jugando con una pelotita de tenis (y ya llevamos varios días jugando con ella) ¿la tablet? guardada, hace dos días que no se acuerda de ella. Mi hijo me enseñó que cuando un regalo, por más simple que sea, es una invitación a la interacción y al afecto, supera cualquier cosa.


 
 
 

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Papá del Loco L y del Loco E// Músico, trosko criticón y cariñoso// Militando por una paternidad consciente

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