La paternidad que nos parió (II)
- Pedro Garbi
- 17 jul 2017
- 3 Min. de lectura

En el post anterior decía “¿Hago colecho? ¿Hago BLW? ¿Porteo? ¿pikler, Montessori, o waldorf? ¿O todo junto? Si, si a todo, o si a todo lo que tengas ganas y te guste. Pero no creas que son la salvación y sobre todo no lo hagas pensando en el futuro hacelo porque hoy tu hijo va a ser más feliz.”, hoy voy a profundizar un poco sobre esta idea.
Hay cierta idea posmoderna y pequeñoburguesa que las acciones más pequeñas están cambiando el mundo. Esa idea se ha llevado a la paternidad y se le ha dado un valor superior a determinadas acciones (colecho, porteo, etc.) porque de esa forma nuestros hijos serán, en el futuro, personas felices, autónomas, buenas, no sé… lo que se te ocurra, y de esa forma harán mejor al mundo. Clásico del pequebu poner en los hijos expectativas de superación.
La cosa es que de esa idea se desprenden otras, más nocivas y que surgen cuando se cruzan con padres que no practican las mismas ideas con sus hijos o no de la misma forma. Los comentarios, los dichos, los consejos, todo, sin decirlo y quizás sin quererlo, indican que ellos son mejores padres, sus hijos son mejores y van a ser mejores y que el resto no solo está haciéndolo mal sino que le está haciendo mal a sus hijos. Esto genera culpa en otros padres, que por distintas complicaciones ajenas a su voluntad no pueden hacer algunas de estas cosas (por ejemplo una madre que tiene que volver a trabajar y no puede seguir lactando).
Y lo digo con conocimiento de causa porque yo caí en esa trampa. Y si bien se me fue pasando no fue hasta el otro día que terminé de darme cuenta de esto.
Estábamos en casa escuchando una charla que Carlos González tenía con Alvaro Pallamares, y Carlos, siempre tan didáctico y tan claro, dice algo así como “cuando conoces a alguien es imposible que te des cuenta si hizo colecho o si le dieron la teta hasta los dos años o más o no”. *emoji de asombro* ¡TAN SIMPLE!. Después profundiza un poco y dice que todas esas cosas (colecho, porteo, etc) hay que hacerlas porque hacen feliz al niños ahora no por la persona en que se va a convertir, porque no hay nada seguro sobre en qué persona se va a convertir, nada pueden hacer los padres para asegurarse, de lo único que pueden estar seguros es de que están dándole contención, apoyo, cariño y felicidad ahora, en el presente.
Entonces, ¿está bien hacer todo eso? Yo creo que sí. Hay muchas pruebas de cómo beneficia al niño. Pero creo que debe ser algo que se haga con gusto, sin presión. No debe significar un sacrificio para los padres, algo que se haga sólo porque mi hijo va a ser mejor en el futuro, porque esos sacrificios generan resentimiento, malestar, expectativas irreales, o sea al final se vuelve negativo.
En síntesis, tenemos que buscar formas de crianza más naturales, basadas en las necesidades que el desarrollo del niño nos impone, pero no es la “técnica” en sí lo importante sino el grado de compromiso que tengas con las necesidades de tu hijo. Siguiendo a Carlos González, la cosa al final es que si tu hijo llora ¿lo vas a atender o lo vas a dejar llorando?


















Comentarios